¿Y SI TU HIJ@ NO SE PORTA MAL? Lo que muchas veces no vemos detrás de su comportamiento

¿Y SI TU HIJ@ NO SE PORTA MAL? Lo que muchas veces no vemos detrás de su comportamiento

¿Alguna vez has pensado que tu hijo escoge el peor momento posible para reclamar tu atención?

Justo cuando hablas por teléfono. Cuando estás atendiendo una visita. Cuando intentas terminar una tarea importante. Y entonces llegan los gritos, las protestas, las malas contestaciones o ese comportamiento que te hace preguntarte: "¿Pero por qué hace esto?".

La mayoría de las madres hemos vivido situaciones así. Y es normal que nos sintamos agotadas, frustradas o incluso culpables.

Pero hoy quiero proponerte una mirada diferente.

¿Y si detrás de ese comportamiento que tanto te preocupa no hubiera un niño que quiere desafiarte, sino un niño que necesita conectar contigo y no sabe cómo hacerlo?

Lo que hay debajo del iceberg

Cuando observamos una rabieta, una falta de respeto o una actitud desafiante, solemos centrarnos en lo que vemos. Sin embargo, eso es solo una pequeña parte de la historia.

Imagina un iceberg.

La parte visible sería el comportamiento. Los gritos, los enfados, las discusiones, las negativas.

Pero bajo la superficie hay mucho más: emociones, pensamientos, interpretaciones y creencias que el niño ha ido construyendo sobre sí mismo y sobre el mundo.

Porque los niños, igual que los adultos, están intentando responder a preguntas muy importantes:

  • ¿Soy importante para los demás?
  • ¿Me quieren tal y como soy?
  • ¿Pertenezco a mi familia?
  • ¿Soy capaz?

Y según las experiencias que viven, van sacando sus propias conclusiones.

A veces esas conclusiones no son reales, pero para ellos tienen todo el sentido del mundo.

Por eso el comportamiento suele ser solo el síntoma. El verdadero mensaje está debajo.

Las cuatro formas de pedir ayuda sin decirlo

Según Rudolf Dreikurs, uno de los referentes en los que se basa la Disciplina Positiva, muchos comportamientos difíciles suelen esconder una de estas cuatro necesidades.

1. "Mírame, necesito sentir que cuento para ti"

Son esos niños que parecen reclamar atención constantemente.

Te interrumpen, te llaman una y otra vez, se quejan, hacen tonterías o parecen necesitar que estés pendiente de ellos todo el tiempo.

Detrás de esa conducta suele esconderse una creencia parecida a esta:

"Solo soy importante cuando me prestan atención."

No necesitan sermones. Necesitan conexión.

A veces basta con dedicarles unos minutos de atención exclusiva, escucharles de verdad, abrazarlos sin motivo o implicarlos en tareas donde puedan sentirse útiles.

2. "Necesito sentir que también puedo decidir"

Aquí encontramos a los niños que desafían continuamente.

Dicen que no. Discuten. Hacen justo lo contrario de lo que les pedimos. Parece que todo se convierte en una batalla.

Y cuanto más intentamos imponer nuestra autoridad, más escalan el conflicto.

En el fondo suelen estar diciéndonos:

"Necesito sentir que tengo cierto control sobre mi vida."

No se trata de dejarles hacer lo que quieran, sino de ofrecerles espacios donde puedan elegir, colaborar y participar en las decisiones que les afectan.

Porque los niños también necesitan sentirse capaces y competentes.

3. "Estoy herido"

Esta suele ser la más difícil de ver.

Aparece cuando el niño responde con agresividad, palabras hirientes o conductas que parecen buscar hacernos daño.

Y sinceramente, duele.

Porque como madres solemos pensar:

"¿Cómo puede tratarme así después de todo lo que hago por él?"

Sin embargo, muchas veces detrás de esa actitud hay un niño que se siente herido, incomprendido o desconectado.

Su mensaje podría resumirse en algo así:

"Yo también estoy sufriendo."

En esos momentos, aunque cueste, lo que más ayuda no es castigar, sino intentar comprender qué hay detrás de ese dolor.

4. "He dejado de creer en mí"

Son niños que parecen haberse rendido.

No lo intentan. Dicen que no pueden. Evitan los retos. Se muestran indiferentes o derrotados antes incluso de empezar.

Y cuanto más insistimos, más se bloquean.

Por dentro suelen pensar algo parecido a:

"No soy capaz. Mejor no intentarlo."

Estos niños necesitan acompañamiento, paciencia y confianza.

Necesitan sentir que alguien sigue creyendo en ellos cuando ellos han dejado de hacerlo.

El comportamiento es un mensaje

Hay una frase que me encanta y que resume perfectamente todo esto:

"Muchas veces, el problema que nosotros vemos es la solución que el niño ha encontrado para una necesidad que no sabemos identificar."

Cuando cambiamos la mirada, cambia la relación.

No significa permitir cualquier conducta ni dejar de poner límites.

Significa entender que detrás de cada comportamiento hay una necesidad.

Que nuestros hijos no necesitan padres perfectos.

Necesitan adultos que intenten comprender lo que están viviendo.

La próxima vez que tu hijo tenga una rabieta, te conteste mal o parezca desafiarte, prueba a hacerte una pregunta antes de reaccionar:

¿Qué estará necesitando realmente en este momento?

A veces, esa simple pregunta cambia por completo nuestra forma de acompañarles.

Y también nuestra manera de conectar con ellos. 

Te invito a que lo pruebes con continuidad y después, no cuentes como os va.

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