¿POR QUÉ NO SE RESPONSABILIZA SI YA ES MAYOR? Responsabilidad y autonomía en niños y adolescentes: cómo se aprende

¿POR QUÉ NO SE RESPONSABILIZA SI YA ES MAYOR? Responsabilidad y autonomía en niños y adolescentes: cómo se aprende

Queremos que nuestros hijos e hijas sean responsables, autónomos y capaces de organizarse por sí mismos. Que sepan cuidar sus relaciones, tomar decisiones y entender que el móvil no es lo único importante en su vida (cuando se hacen un poquito más mayores). Muchas madres y padres se preguntan por qué, cuando llega la adolescencia, sus hijos no se responsabilizan de sus estudios, de sus tareas o de su día a día. La respuesta no suele estar en la edad ni en la falta de interés, sino en cómo hemos acompañado el aprendizaje de la responsabilidad y la autonomía durante la infancia.

Cuando decidimos todo por ellos (y luego nos sorprende el resultado)

Durante gran parte de su infancia solemos organizarles la vida al detalle:

“Cuando llegues a casa meriendas, haces los deberes, te duchas, preparas la mochila y, si te da tiempo, ves un poco la tele antes de cenar”.

Les decimos qué hacer, cuándo y cómo, pero rara vez les preguntamos:

·       ¿Qué vas a hacer esta tarde?

·       ¿Cómo te vas a organizar?

·       ¿Crees que ese orden te funciona?

·       ¿Qué harías diferente?

Incluso, muchas veces, nos fusionamos con ellos en el lenguaje:

“Nos vamos a casa a estudiar que mañana tenemos examen”.

“Tenemos que entregar el trabajo de plástica”.

“Este profe nos lo pone muy difícil”.

Sin darnos cuenta, asumimos responsabilidades que no son nuestras.

Y de repente… la adolescencia

Llega la preadolescencia, después la adolescencia, y aparecen frases como:

·       “Es un desastre, no se sabe organizar”.

·       “No se responsabiliza de nada”.

·       “Necesita ayuda para todo, no entiendo por qué”.

·       “Está en 2º de la ESO y seguimos como en primaria”.

Y aquí suele aparecer una gran contradicción: pensamos que por edad ya deberían saber hacerlo.

“Si es mayor para salir con sus amigos, también debería ser mayor para responsabilizarse de sus estudios”.

Para muchas familias esto parece lógico, pero salir con amigos no entrena la organización, la planificación ni la toma de decisiones.

La pregunta clave: ¿han podido practicar?

Si nuestros hijos e hijas no han practicado:

·       decidir

·       equivocarse

·       asumir consecuencias naturales

·       organizar pequeñas cosas del día a día

¿Cómo esperamos que ahora lo hagan de golpe?

No pasa nada por darnos cuenta tarde. La dificultad aparece cuando pensamos que “ya les toca” sin haberles acompañado antes en ese aprendizaje.

Facilitar no es lo mismo que capacitar

Muchas de las conductas facilitadoras tienen su base en:

·       el miedo

·       la preocupación

·       la autoexigencia como madres y padres

·       la vergüenza o el “qué pensarán”

Facilitamos porque queremos proteger, pero el mensaje que llega al otro es peligroso: “No confío en que seas capaz”.

Cuando no confiamos, el niño o la niña:

·       deja de percibirse competente

·       construye un bajo autoconcepto

·       desarrolla una falsa autoestima (aparente, frágil)

Capacitar es justo lo contrario. Capacitar es quitarnos poco a poco del medio para apoyar, guiar, entrenar y preparar.

No hacerlo todo por ellos, pero tampoco dejarlos solos.

Los retos reales de capacitar

Capacitar no es fácil. Implica, entre otras cosas:

·       mejorar la comunicación

·       aprender a manejar la empatía sin sobreproteger

·       saber qué puedo pedir y qué no según su momento evolutivo

·       conectar con ellos para que acepten nuestra ayuda

·       tolerar que se equivoquen

No se puede pedir lo que no se ha entrenado

No podemos pedir a un adolescente que:

·       estudie de forma autónoma

·       se organice

·       colabore en casa

·       resuelva conflictos escolares

·       priorice

si nunca ha tenido espacio para entrenar estas habilidades.

Te propongo un ejercicio sencillo y muy revelador: haz una lista de las cosas que hoy te desesperan de tu hijo o hija y pregúntate:

¿En cuántas de estas cosas he facilitado en lugar de capacitar?

No para culparte, sino para entender.

Porque nadie aprende a responsabilizarse de golpe. Se aprende practicando, poco a poco, desde pequeño.

La buena noticia

Siempre se puede cambiar de estrategia. Capacitar no es exigir más, es acompañar mejor.

Y nunca es tarde para empezar.

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