NO ERA UN JUEGO DE MESA. (Era otra cosa)
Share
Hay momentos en la crianza que parecen insignificantes.
Pero si los miras de cerca, dicen mucho más de lo que parece.
Una madre me contaba hace poco algo que le había pasado con su hijo de 5 años.
Estaban jugando a un juego de mesa los dos. Todo iba bien hasta que, de repente, el niño quiso cambiar las reglas en mitad de la partida.
La madre se negó.
“Las reglas son las reglas”, pensó. “Tiene que aprender que las normas se respetan”.
El niño entró en una rabieta intensa. Llanto, frustración, desbordamiento.
Y cuando le pregunté después qué podría haber hecho diferente, esta fue su respuesta:
“Quizá haberle dejado cambiar las normas… pero entonces, si ahora no acepta las reglas, ¿Qué pasará cuando sea mayor?”
Ahí está el núcleo.
No era un problema de juego, ni de reglas.
Era un problema de miedo.
1. Lo que realmente está pasando: no es un problema de normas
Cuando un niño de 5 años quiere cambiar las reglas de un juego, no está haciendo un manifiesto de “anarquía doméstica”.
Está haciendo algo mucho más simple:
- explorando control
- probando flexibilidad
- buscando sensación de poder en un mundo donde casi todo lo deciden los adultos
Pero muchas veces, el adulto no ve eso.
Ve una amenaza:
- “si cedo aquí, luego no respetará nada”
- “si permito esto, perderé autoridad”
- “si no aprende ahora, será un problema en el futuro”
Y desde ahí, la respuesta no es educativa. Es reactiva.
2. El verdadero conflicto: control vs. regulación
Cuando en estos momentos nos anclamos en lo rígido para “enseñar normas”, a veces estamos haciendo algo distinto sin darnos cuenta:
Estamos intentando controlar la incertidumbre.
Porque ceder en algo pequeño activa una sensación interna incómoda:
- pérdida de autoridad
- miedo a que “se descontrole”
- miedo a no estar educando bien
Pero un niño no necesita un mundo perfectamente rígido.
Necesita un adulto que pueda sostener lo flexible sin entrar en caos interno.
3. Lo que aprende un niño no es lo que creemos
Aquí viene lo importante.
Si en ese momento el adulto dice:
“no, las reglas no se cambian”
El niño no aprende solo “normas”.
También puede aprender:
- que su iniciativa no tiene espacio
- que la flexibilidad no existe
- que el poder está fuera de él
Pero si el adulto pudiera decir:
“vale, hoy podemos jugar con esta regla nueva”
El niño aprende algo muy distinto:
- que las normas pueden dialogarse
- que la flexibilidad existe dentro de límites
- que el mundo no se rompe si algo cambia
Y esto no es “permisividad”.
Es educación emocional en tiempo real.
4. La pregunta clave no es “qué norma enseño”, sino “qué modelo de relación estoy mostrando”
En la crianza solemos centrarnos mucho en el contenido:
- normas
- límites
- consecuencias
Pero los niños aprenden más del proceso que del contenido.
Es decir:
- cómo reaccionamos cuando algo cambia
- cómo gestionamos la frustración
- cómo respondemos al conflicto
En ese juego, la pregunta no era “¿puede cambiar las reglas?”
La pregunta era:
“¿qué quiero que aprenda mi hijo hoy?"
5. Una alternativa posible (sin perder límites)
No se trata de dejar que todo valga.
Se trata de introducir una tercera vía:
En lugar de:
- “no, las reglas no se cambian”
O de:
- “vale todo sin límite”
Podría ser algo como:
- “podemos cambiar las reglas, pero vamos a terminar esta partida con estas”
- “vale, probamos tu regla en la siguiente ronda”
- “vamos a decidir juntos una nueva regla para todos”
Esto enseña algo esencial: las normas no desaparecen, pero tampoco son rígidas e innegociables.
6. Conclusión: no estamos educando solo normas, estamos educando relación
Detrás de muchas rabietas infantiles no hay un niño “desobediente”.
Hay un sistema intentando aprender cómo funciona el mundo.
Y detrás de muchas respuestas adultas no hay falta de amor.
Hay miedo.
Miedo a que si no controlamos todo ahora, después será tarde.
Pero la crianza no se construye desde el control total.
Se construye desde la capacidad de sostener lo imprevisible sin perder el vínculo.
Si te llevas algo de esto hoy
Quizá no es “qué norma tengo que imponer”.
Quizá es:
- ¿puedo tolerar un poco más de flexibilidad sin sentir que pierdo el control?
Porque a veces, lo que más regula a un niño…
no es la norma.
Es el adulto que no se rompe cuando la norma se mueve.
“Muchas gracias por traerme este momento tan cotidiano y tan importante, y a todas las madres que alguna vez han sentido que en lo pequeño del día a día se les cuela algo mucho más grande.”