MADRES CANSADAS Y FURIOSAS: lo que la rabia está intentando decirte.
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Hoy quiero empezar este artículos con algunas preguntas que te puedes hacer (disculpa si entro muy de lleno)
¿Qué es lo que más te hace enfadar?
¿Qué es lo que más te cansa?
¿Qué es lo que más te satura?
Demasiadas preguntas, ¿quizá?
Si yo tuviese que contestar, empezaría diciendo algo muy simple:
lo que más me agotaba era el sin parar.
Levantada, desayunos, uniformes o chándal, el continuo "venga que llegamos tarde",
buscar mochilas, recordar autorizaciones o algún trabajo o material que tenían que llevar para el día.
En mi caso, con cuatro, era una coreografía milimétrica. Un sobreesfuerzo constante.
Llegar al colegio era como cruzar la meta de la primera maratón del día.
Recuerdo esa sensación exacta:
primer objetivo resuelto.
Después el trabajo —que me gustaba, y mucho, y que era una parte importante de mí, pero también agotaba y en ocasiones, más de lo esperaba—. Las horas pasaban rápido. Yo incluso me quitaba el tiempo de comida para poder salir antes y llegar al colegio.
Y ahí empezaba la segunda maratón.
Meriendas que había dejado preparadas mientras hacía desayunos.
Parque mientras uno estaba en extraescolar.
Casa a las 18:30, tareas, duchas, cenas, ratito de tele y por fin "a la cama". Acostar a cuatro no era sencillo, créeme y por eso, la mayoría de los días no se quedaban dormidos hasta las 22:00.
Y claro… ¿a esa hora quién tiene ganas de algo más?
Pero aún quedaba recoger un poco.
Dejar mochilas listas.
Pensar en el día siguiente.
Y amiga… el fin de semana no era descanso;
Compras.
Partidos.
Actividades.
Casa.
Comidas.
Este ritmo me cansaba muchísimo.
Y cuando me sentía tan cansada… me enfadaba muchísimo más por sentirme tan cansada.
Y entonces lo proyectaba en pequeñas cosas que mis peques hacían (sobre todo uno de ellos).
De repente, mi casa era un campo de minas, cualquier cosa hacía que alguien estallara.
Hasta que un día frenas en seco.
Y empiezas a soltar.
A pedir ayuda.
A organizarte distinto.
Pero sobre todo, a mirar de frente lo que estaba pasando por dentro.
No era rabia hacia ell@s
Durante mucho tiempo pensé que mi enfado era desproporcionado.
Que debía tener más paciencia.
Que otras podían.
Pero lo que entendí después fue esto:
La rabia o la furia no era hacia ellos. Era hacia mí.
Se acumulaba cada vez que sentía que no podía más. Cada vez que me repetía:
- “No tengo tiempo ni para respirar.”
- “No me da la vida.”
- “Estoy hasta el gorro.”
- “No puedo más.”
¡¡Cuidado con estas frases!!
Porque nuestro cerebro no distingue entre una metáfora y una amenaza real.
Cuando te dices constantemente que no puedes más, tu sistema nervioso entra en modo alerta.
Solo ve peligro.
Solo ve exigencia.
Solo ve que no hay salida.
Y cuando el cuerpo vive en alerta permanente, explota.
No porque seas mala madre.
Sino porque estás saturada.
Lo que la rabia estaba intentando decirme
Mi rabia no pedía gritar más. Pedía parar.
No pedía más control. Pedía apoyo.
No pedía hijos distintos.
Pedía una organización distinta.
Una distribución distinta.
Una narrativa interna distinta.
Y aquí hay algo importante: muchas veces la furia en la maternidad no tiene que ver solo con el día a día. Tiene que ver con la carga invisible. Con la sensación de que todo depende de ti. Con la hipervigilancia constante.
Como señala Burnout, el estrés no se resuelve entendiendo que estás cansada. Se resuelve cerrando el ciclo en el cuerpo.
Y muchas madres no lo cierran nunca. Acumulan.
Hasta que un “no quiero ducharme” se convierte en el detonante de algo mucho más grande, vamos como si hubiera hecho algo terrible...
Si te sientes una madre cansada y furiosa…
Quiero que te hagas otra pregunta:
¿Y si no estás enfadada con tus hijos… sino contigo por no llegar a todo?
¿Y si tu rabia no es un fallo… sino una señal?
Una señal de que necesitas ayuda.
De que necesitas redistribuir.
De que necesitas regular tu sistema nervioso.
De que necesitas dejar de hacerlo sola.
No estás fallando.
Estás sosteniendo demasiado.
Y la rabia, aunque incomode, a veces es el primer paso para empezar a cambiar.