EL MOMENTO INCOMODO Y REVELADOR

EL MOMENTO INCOMODO Y REVELADOR

Hubo un momento importante en todo mi proceso de maternidad —que por supuesto sigo viviendo y seguiré viviendo— en el que me di cuenta de algo incómodo y, al mismo tiempo, muy revelador.

Por aquel entonces yo andaba con cuatro niños pequeños (9 años, 6 años, 4 años y 2 años).
La vida en casa era, siendo honesta, bastante caótica.

Todo funcionaba a la carrera.
A base de empujones —metafóricamente hablando— para que todo avanzara.
Con más tonos de voz altos que bajos. Y con castigos que salían en modo reacción:

“Se acabó.”
“Vete a tu cuarto.”
“Hoy no hay tele.”
“Nos vamos del parque.”

En aquel momento yo pensaba que así se hacían las cosas cuando tienes cuatro hijos. Que no había otra manera.

Me repetía frases como estas:

“Esto es lo que hay.”
“Los niños son así.”
“Yo soy así cuando me enfado.”
“Todas las madres están igual.”

Y con esas ideas seguía adelante, día tras día, intentando simplemente que todo funcionara.

Hasta que un día algo empezó a moverse por dentro.

No fue un momento épico ni una gran revelación.
Fue más bien una sensación incómoda que empezó a repetirse.

La sensación de que quizá no tenía que ser todo tan difícil.
De que quizá no todo dependía de gritar más fuerte o castigar más rápido.
De que quizá había otra manera de hacer las cosas… aunque yo todavía no supiera cuál era.

Con el tiempo entendí que durante mucho tiempo yo había estado en algo que en aprendizaje se llama INCOMPETENCIA INCONSCIENTE.

Suena complicado, pero en realidad significa algo muy sencillo:
no sabes que hay otra manera de hacer las cosas.

Piensas que lo que pasa en tu casa es simplemente lo normal.
Que todas las familias funcionan así.
Que perder la paciencia forma parte inevitable de criar.

Hasta que un día algo hace clic.

Y empiezas a ver lo que antes no veías.

Las fases del cambio

En los procesos de aprendizaje se habla de cuatro fases por las que solemos pasar cuando queremos aprender algo nuevo o cambiar una forma de hacer las cosas.

La primera es la incompetencia inconsciente:
no sabes que hay otra manera.

Después llega la incompetencia consciente:
empiezas a darte cuenta de que algo no está funcionando como te gustaría.

Luego aparece la competencia consciente:
empiezas a aprender herramientas nuevas, aunque todavía tienes que pensar mucho para aplicarlas.

Y finalmente llega la competencia inconsciente:
cuando aquello que aprendiste ya forma parte de ti y te sale de manera natural.

En maternidad este proceso ocurre muchas veces.

Porque muchas empezamos pensando que lo que pasa en casa es simplemente lo normal.

Hasta que un día empezamos a darnos cuenta de que quizá hay otra manera de hacerlo.

Y aunque ese momento pueda incomodar un poco… en realidad es el inicio de algo muy importante.

Es el momento en el que empiezas a mirar tu maternidad con otros ojos.

Y cuando eso pasa, ya no hay vuelta atrás.

Porque cuando empiezas a ver, empiezas también a cuestionar.
Empiezas a preguntarte si algunas cosas pueden hacerse de otra manera.
Empiezas a notar cuándo reaccionas desde el cansancio, desde la prisa o desde el desborde.

No significa que a partir de ese momento todo sea fácil.
Ni que nunca vuelvas a perder la paciencia.
Ni que de repente todo funcione perfecto.

Significa algo mucho más importante: EMPIEZAS A SER CONSCIENTE.

Y esa conciencia cambia muchas cosas.

Porque cuando empiezas a ver lo que antes no veías, empiezas también a abrir espacio para hacer algo distinto.

A veces ese cambio es pequeño: una pausa antes de reaccionar.
A veces es pedir ayuda.
A veces es empezar a buscar otras herramientas.

Pero todo empieza en el mismo lugar:
en ese momento incómodo en el que te das cuenta de que quizá hay otra manera de hacer las cosas.

Y si estás leyendo esto y algo dentro de ti ha hecho un pequeño clic…
es muy posible que estés justo ahí.

En ese punto en el que empiezas a mirar tu maternidad de otra forma.

Y créeme, aunque a veces incomode, ese suele ser el comienzo de algo muy bueno.

Regresar al blog